¿Tecnología vs escuela?

En este nuevo contexto social donde grandes y chicos estamos atravesados por redes sociales, pantallas ubicas y omnipresentes, parece difícil poder  interesar a los alumnos en el aula.

¿Está perdida entonces la competencia con las tecnologías? ¿Cómo interesar a los estudiantes si el mundo digital los seduce y atrapa en forma permanente y a toda hora del día?

¡No todo está perdido! aun los niños y jóvenes se emocionan al escuchar un cuento bien narrado, ante una  investigación a llevar adelante en grupo, ante el desafío de una competencia física, ante un juego en grupo.

¿Entonces cómo puede un docente ensamblar ambas cosas?  ¡Si, se puede!

Lo más importante es que el docente se interese por lo que enseña, que se meta en el tema, que encuentre preguntas que valgan la pena y ofrezca diferentes caminos de resolución. Que le interesa el tema, y lo ofrezca de un modo interesante.

 ¿Cómo competir con contenidos “más interesantes”, como los que ofrece la tecnología? El secreto está en que no hay que competir, hay que incorporarlos y hacerlos cotidianos en el hacer de la escuela. Las redes sociales deben ser analizadas en clase, qué ver, cuáles son sus riesgos, cuáles sus beneficios y así construir desde la escuela niños y jóvenes críticos, capaces de discernir entre lo que los beneficia y perjudica. Esta será una herramienta más para incorporar a las clases.

Internet y el acceso a dispositivos móviles cada vez más intuitivos ha impuesto un cambio de paradigma en el uso de la tecnología. Ese cambio también se evidencia en el ámbito de la educación, en el que cada vez más cosas se pueden hacer, aprovechando la red y sus posibilidades, tanto en el aula de clases como fuera de ella.

¡Entonces será necesario apelar a la creatividad de los docentes! Tienen un escenario  ideal, un lugar privilegiado, todos sus alumnos están en un mismo espacio físico con la necesidad del intercambio entre pares, y con el interés a flor de piel. Sólo queda entonces conocer sus deseos, cuáles son las cosas que le atraen y partir de allí. ¿Pero si tengo un currículo que cumplir? Por supuesto, de otros saberes que necesitan incorporar, para desenvolverse en el mundo de hoy. Por ello partiendo de aquello que les atrae, la escuela debe presentarle nuevos desafíos, despertarles el deseo de investigar y enseñarles cómo hacerlo. Para que este intercambio sea completo, el docente  tiene que ampliar su universo de saberes: los digitales, los científicos, los históricos, los artísticos.

Richard Culatta, especialista en el uso de la tecnología en la educación , destaca la importancia de la tecnología para crear un modelo educativo que entienda a los estudiantes, los convierta en sujetos activos y les enseñe el gusto por el aprendizaje. Como apunta el experto, “la tecnología es un catalizador”, tanto de buenas prácticas, como de las malas. Y depende de los profesores y directivos enfocar esta herramienta en la dirección de una buena enseñanza.

La web y las redes sociales animan a los estudiantes a expresarse y relacionarse con otros compañeros, lo que permite aprender de forma interactiva. “Las posibilidades de Internet son muy amplias. Gracias a la facilidad para compartir contenidos es posible aprovechar la red para facilitar a los estudiantes libros electrónicos e interactivos para que realicen sus actividades y ejercicios sin necesidad de tener el libro en papel, lo que reduce los costos de producción de los libros y además permite a los estudiantes acceder a libros que no se pueden encontrar en su país sin necesidad de moverse de sus casas”, añade Curtin.

La tecnología en el espacio educativo permite el uso de herramientas más interactivas y que mantienen la atención de los estudiantes con mayor facilidad. Además, las redes sociales y la Web permiten compartir puntos de vista y debatir sobre las ideas, lo que ayuda a que los niños y adolescentes desarrollen un pensamiento crítico en una época en la que sus cerebros se están desarrollando.

Por otro lado, los profesores pueden beneficiarse mucho de los avances tecnológicos para hacer su trabajo más atractivo y para ser más eficientes. “Muchas actividades de las que forman parte de su rutina diaria se pueden optimizar con la ayuda de aplicaciones y dispositivos informáticos, permitiendo que puedan dedicar más tiempo a su propia formación, lo que a largo plazo no solo les beneficiará a ellos sino a sus estudiantes”, explica el experto.

Ciertamente, usar la tecnología en el entorno académico no es algo nuevo, sin embargo la forma en la que dicha tecnología se utiliza ha cambiado mucho a lo largo de los años, permitiendo mayor flexibilidad, eficiencia y aprovechamiento de los recursos educativos y ofreciendo una formación de mayor calidad a los estudiantes.

Hay muchos docentes que están trabajando de este modo con excelentes resultados y aquellos que están intentándolo tienen a su alcance todo lo que necesitan para actualizarse, sólo es necesario ponerse en marcha.

Marta Bonserio

Directora Pedagógica

MB Consultora Educativa